Son las nueve menos cuarto. Se lo has pedido tres veces. Y de pronto no reconoces tu propia voz…
Comunicación No Violenta para madres y padres. Una formación para dejar de pelearte con tus reacciones y aprender a poner límites, escuchar y reparar sin dejarte fuera.
Entre lo que hace tu hijo y lo que tú haces después hay un espacio.
Casi siempre dura menos de un segundo. Todo este curso trabaja ahí dentro: en ensancharlo, habitarlo y decidir desde él. No en encontrar la frase perfecta.
Ninguna de estas frases se arregla con una técnica. Todas tienen debajo algo que estabas intentando cuidar y una manera automática de cuidarlo que ya no te sirve. Ese es el trabajo de esta formación.
«Antes de cambiar lo que digo, necesito cambiar desde dónde miro, desde dónde escucho y desde dónde respondo.»
«Conexión antes que educación.»
Las dos frases se repiten a lo largo de todo el programa. La primera marca el orden del trabajo; la segunda, el orden de cada escena concreta: primero llegar al otro, después educar.
La Comunicación No Violenta no son cuatro pasos que se recitan. Aquí los pasos son un andamiaje, no un guion. Lo que se entrena es la conciencia desde la que hablas.
Los cinco primeros módulos trabajan tu mirada, tus defensas y tus estrategias. Solo cuando ese suelo está puesto llegan los límites, la reparación y la escucha. En ese orden, porque en el otro no se sostiene.
Cuando gritas, no eres «tú entera» gritando: es una parte de ti que se activó para proteger algo. Aprenderás a notar quién está respondiendo antes de responder. Nombramos lo que hay debajo; no abrimos procesos terapéuticos.
Cada módulo tiene prácticas guiadas en tiempo real, escenas cotidianas reales y un cuaderno para llevarlo a tu casa esta semana. La teoría llega después de la experiencia.
Darte cuenta de que te has ido, y volver. Todo lo demás se apoya en eso.
El trabajo interno del adulto. Sin esto, cualquier herramienta se convierte en una técnica más que aplicar bajo presión.
El primer paso no es hacerlo mejor. Es mirar lo que ya está pasando. Aquí se instala el botiquín de urgencia para los días difíciles.
No reaccionas a lo que pasa: reaccionas a lo que te cuentas sobre lo que pasa. La cámara, la película y la etiqueta.
Honestidad sin dureza. Tu defensa no es tu enemiga: es una parte de ti protegiendo algo que amas, de una forma que ya no quieres repetir.
La exigencia es una estrategia, no es el amor. No tienes que soltar lo que te importa: puedes soltar una manera de cuidarlo.
Todo lo que has descubierto sobre ti también es verdad en él. Comprender no es permitir: la inocencia no elimina el límite, elimina la condena.
Las habilidades relacionales. No son técnicas nuevas: son lo que sale casi solo cuando el suelo del Bloque 1 está puesto.
Firmeza con corazón. Un límite no es contra tu hijo: es a favor de algo que necesita cuidado. Límite, amenaza, castigo, consecuencia y premio: qué es qué.
Cómo reparar sin castigarte y sin retirar el límite. Reparar la forma sosteniendo el fondo, y reparar el patrón, no solo el momento.
El curso termina, la práctica continúa. Sales con un mapa personal para tus escenas reales, no con apuntes.
Uno por idea, no clases largas. Pensados para verse en los ratos que tienes de verdad, con prácticas guiadas dentro del propio vídeo.
Con una sección fija: «si solo tienes diez minutos esta semana». El cuaderno está para sostenerte, no para convertirse en otra exigencia.
Gestos concretos para el momento en que está pasando: cuando ya has gritado, cuando notas que se te va, cuando no sabes qué decir.
Una hora cada semana para traer tus escenas reales y verlas trabajadas en directo. Puedes participar o solo escuchar.
Casos anonimizados de sesiones reales: la pantalla, los deberes, el «te odio», los besos a la abuela, el plato que no se termina.
Un espacio privado con el resto de participantes para compartir lo que va pasando en casa, leer cómo lo atraviesa otra persona y sostenerse entre unos y otros.
Durante esos cuatro meses tienes disponibles los vídeos, los cuadernos y las grabaciones de los directos, para verlos a tu ritmo y volver sobre ellos las veces que necesites. Al terminar el programa se cierra el acceso.
Cada semana nos vemos por Zoom durante una hora. Traes una escena de tu semana y la miramos juntas. Es ahí donde se ve que esto no va de aplicar bien una fórmula.
Quién te acompaña: Pilar de la Torre con la colaboración de Marta Serrano, formadora del equipo docente del Instituto.
El programa lleva meses construyéndose: los ocho módulos, los vídeos, los cuadernos. Pero esta es la primera vez que se recorre entero con un grupo, y lo que ocurra en estos encuentros semanales va a dar forma a las ediciones siguientes.
Por eso el grupo va a ser reducido. Quiero poder acompañar de cerca las escenas reales que traigáis y que esta primera experiencia ayude también a afinar las ediciones siguientes.
Primera edición · Plazas limitadas
Empezamos el 14 de octubre · Terminamos el 26 de enero
Descargar el folleto (PDF)El camino no es no perderse nunca. El camino es aprender a volver.
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